La noche del 4 de noviembre pasará a los libros de historia como el día en que a un negro le fueron entregadas las llaves de la Casa Blanca. Fue una noche larga, llena de estados coloreados en rojo, azul y amarillo, pero finalmente Martin Luther King pudo sonreir tranquilo en su tumba al ver convertido su "I have a dream" en realidad.
"Si hay alguien que aún dude que América es un lugar donde todo es posible, que aún se pregunta si el sueño de nuestros fundadores está vivo en nuestros tiempos, que aún se cuestione el poder de nuestra democracia, hoy es su respuesta", así iniciaba su discurso Barack Obama delante de centenares de miles de personas que lloraban ante el cambio que estaban viviendo. El cambio ha llegado. Tal vez Obama no será un gran presidente o no será recordado por su política, pero lo que sí es seguro es que será recordado por su color. Obama, junto con el pueblo americano, ha demostrado que las cuestiones raciales no importan a la hora de decidir y que la era del esclavismo debe ser cerrada para dar paso a una donde todos los hombres tengan las mismas oportunidades, donde cada niño sea apreciado por sus cualidades y pueda aspirar a presidente del gobierno, si es que así lo desea, sin encontrarse con la barrera étnica que, hasta el momento, parecía haber en cada barrio, pueblo o ciudad de los EEUU.
Obama ha dado el primer golpe en el muro, pero todos deben seguirlo para demostrar que realmente la sociedad americana evoluciona alejando el racismo de su camino. Pero, ¿están los afroamericanos listos para este cambio?
Según informaba The New York Times el 4 de noviembre, "la gente salió espontáneamente a la calle para celebrar lo que muchos describen, tal vez con exagerada pero comprensible exaltación, una nueva era en un país en el que sólo 143 años antes, Mr. Obama, como hombre negro, podría haber sido comprado como esclavo". Hasta McCain reconoció el significado de ese momento histórico. En ese momento, no se hablaba de vencedores y vencidos, sino de una demostración clara en favor de la igualdad, en favor de los derechos de los afroamericanos y su reconocimiento social.
Esa noche miles de fotografías de M.L.King fueron impresas y portadas por los afroamericanos mientras se desgañitaban al ritmo del "Yes, we can" de Obama. Barrios como Harlem, en NY, se conviertieron en una fiesta donde la música y los gritos de victoria no cesaron hasta entrada la madrugada demostrando al mundo que los negros también existen.
Pero una vez la resaca de triunfo ha cesado, algunas cuestiones acuden a la mente de observadores de la realidad que se preguntan si realmente los negros quieren a un paisano en la Casa Blanca.
La realización de ese sueño, el de un afroamericano como presidente de Los Estados Unidos de América (una utopía hasta el momento), hace que el victimismo por el que se habían caracterizado se convierta en una arma descargada. Como bien apunta Jonetta Rose Barras, en un artículo escrito para el Washington Post, "Obama no tolerará una marca afroamericana de racismo o cultura de la violencia. Tampoco parece que vaya a ser muy paciente con la larga narrativa de victimismo que ha definido a la América negra y a lo establecido durante más de un siglo". En cambio, muchos de los que lo votaron esperan que Obama se convierta primero en el presidente de los negros, y si luego le queda tiempo en el presidente de todos los americanos. Muchos de los que hace 21 meses veían a Obama como su Mesías y decidieron seguirlo hacia la tierra prometida, empiezan a necesitar más. Ahora ya no solo importa tener un presidente negro, ahora lo que importa es ver cuántos hombres negros trabajarán junto a Obama, cuántas medidas serán llevadas a cabo para mejorar la situación de los negros y cuán centrado en la causa negra estará.
Para muchos, Obama es su nuevo líder por la causa racial, como el Rev. Jesse Jackson, Al Sharpton o John Lewis (movimento pro derechos civiles), uno como Rosa Parks que no quiso ceder su asiento en el autobús a un blanco en 1955 y demostrar que los negros también existen, pero lo que deben entender es que el cambio está en no portar el collar de negro allá donde se vaya y demostrar que el color de piel es una característica más a no tener en cuenta.
El verdadero cambio, el verdadero "Yes, We can", será una auténtica realidad cuando el color de piel no sea digno de un artículo de periódico, cuando nadie pida mejoras al gobierno escudándose en ser negro, o hispano o chino o cualquier otra minoría, y simplemente le exija a la Casa Blanca argumentando ser un ser humano.
sábado, 8 de noviembre de 2008
viernes, 31 de octubre de 2008
El jinete del apocalipsis
Los mítines fueron creados para convencer, para hacer creer a los espectadores que el que se encuentra subido al pedestal es el adecuado para la contienda a la que se enfrenta. En temporada electoral, los podios son construidos y destruidos a velocidad de la luz para que ese individuo se convierta en el guía del país.
Desde hace unos cuantos meses, hemos podido ver en cualquier punto de internet, en cada uno de los canales televisivos u oir en cada emisora de radio a Barack Obama o John McCain venderse, como si de pescado fuera en día de mercado, como la solución a todos los problemas del mundo. Pero las promesas, los gritos, las banderas americanas ondeando cerca del cogote del candidato, los besos y arrumacos con la mujer e hijos de los mismos no son suficientes para convencer a los más de 300 millones de habitantes para que coloquen el busto de su candidato en el jardín y griten por derredor a quien invitarían a su casa a cenar.
Lo que una buena campaña política necesita es tener unos medios de comunicación potentes, y sobretodo un elenco de comentaristas que están dispuestos a todo para chafar, como si simples cucarachas fueran, al candidato que detestan.
Barack Obama, el primer candidato a la presidencia negro, se ha convertido en el punto de mira de numerosos ultraconservadores y fanáticos de las "libertades" (y permítanme que lo entrecomille) que siempre han caracterizado América. Desde que las primarias empezaron en las radios y televisiones americanas, a Obama no le caben más post-its en la espalda. En ellos se pueden leer desde socialista, musulmán, marxista, radical, mentiroso e hipnotizador. Pero vayamos por partes.
El adjetivo musulmán se le corresponde a su segundo nombre, Hussein, que casualmente es el mismo que el dictador iraquí que "obligó" a los EEUU a entrar en ese territorio e iniciar la campaña Libertad Duradera, que todavía dura sin haber conseguido mucha paz. Lo que la población americana desconoce es que el apelativo Hussein es para los árabes (y no digo musulmanes) el John de los ingleses, el José español o el Philippe francés. Y no se debe olvidar que las raíces del candidato demócrata se encuentran en Kenia, a miles de kilómetros de Bagdad.
Se le ha calificado de socialista por querer subir los impuestos. Lo que significaría conseguir mejores ayudas a los millones de familias que no pueden tener acceso a la sanidad o a la educación de calidad. Pero no olvidemos que gracias a la no exitencia de una seguridad social, millares de centros privados se llenan las arcas remediando dolores de muelas o recetando aspirinas, y la mayoría de sus propietarios comparten carnet de socio en los clubes de golf donde acuden los congresistas republicanos que defienden la invasión de Irak mientras se fuman un puro, eso sí, nunca habano.
Pero lo más divertido aparece en la página web de Mónica Crowley, habitual en las tertulias políticas de cadenas conservadoras, como la FOX, donde lo califica de hipnotizador y vampiro. En un artículo publicado en su página web (www.monicamemo.com) se puede leer la alerta que lanza a todos sus lectores de apropiarse de un collar de ajos antes de ver el documental donde Obama se vende durante 30 minutos. Sí es cierto que en ningún momento se encuentra la palabra VAMPIRO, pero ¿quién no conoce la leyenda urbana de los ajos como remedio para alejar a los chupasangres?
Crowley no es la única que lanza dardos envenenados. En la Liberty University, en el estado de Virginia, los estudiantes son educados en el sino del cristianismo más ultraconservador. La basta mayoría de sus estudiantes se postulan en contra del aborto, la eutanasia, el divorcio y el ateísmo. Según publicaba La Vanguardia el pasado sábado 1 de noviembre, Erica Nelson (estudiante de dicha universidad) concibe a Obama como el jinete del apocalipsis que desencadenará el fin del mundo. Cabe destacar, pero, que esta chica creía que en Israel hay tropas americanas, cuando no las hay. Para muchos estudiantes y trabajadores de este centro educativo de más de 2.000 hectáreas repiten sin que les tiemble la voz que Obama juró el cargo sobre el Corán.
Gracias a la existencia de estos indivíduos, los medios de comunicación se han convertido en meros divulgadores de mentiras y rumores para conseguir que su favorito ponga la foto de familia en el despacho Oval.
Los americanos, a tan solo dos días de las votaciones, desconocen a sus candidatos, lo único que saben son las manipulaciones de comentaristas demasiado documentados y capaces de tergiversar la información con tal de conseguir sus propios propósitos. Sí es cierto que la política es algo malévola, incluso maquiavélica, pero ¿desde cuándo lo es el derecho a informar de forma, no objetiva, pero como mínimo fidedigna?
Desde hace unos cuantos meses, hemos podido ver en cualquier punto de internet, en cada uno de los canales televisivos u oir en cada emisora de radio a Barack Obama o John McCain venderse, como si de pescado fuera en día de mercado, como la solución a todos los problemas del mundo. Pero las promesas, los gritos, las banderas americanas ondeando cerca del cogote del candidato, los besos y arrumacos con la mujer e hijos de los mismos no son suficientes para convencer a los más de 300 millones de habitantes para que coloquen el busto de su candidato en el jardín y griten por derredor a quien invitarían a su casa a cenar.
Lo que una buena campaña política necesita es tener unos medios de comunicación potentes, y sobretodo un elenco de comentaristas que están dispuestos a todo para chafar, como si simples cucarachas fueran, al candidato que detestan.
Barack Obama, el primer candidato a la presidencia negro, se ha convertido en el punto de mira de numerosos ultraconservadores y fanáticos de las "libertades" (y permítanme que lo entrecomille) que siempre han caracterizado América. Desde que las primarias empezaron en las radios y televisiones americanas, a Obama no le caben más post-its en la espalda. En ellos se pueden leer desde socialista, musulmán, marxista, radical, mentiroso e hipnotizador. Pero vayamos por partes.
El adjetivo musulmán se le corresponde a su segundo nombre, Hussein, que casualmente es el mismo que el dictador iraquí que "obligó" a los EEUU a entrar en ese territorio e iniciar la campaña Libertad Duradera, que todavía dura sin haber conseguido mucha paz. Lo que la población americana desconoce es que el apelativo Hussein es para los árabes (y no digo musulmanes) el John de los ingleses, el José español o el Philippe francés. Y no se debe olvidar que las raíces del candidato demócrata se encuentran en Kenia, a miles de kilómetros de Bagdad.
Se le ha calificado de socialista por querer subir los impuestos. Lo que significaría conseguir mejores ayudas a los millones de familias que no pueden tener acceso a la sanidad o a la educación de calidad. Pero no olvidemos que gracias a la no exitencia de una seguridad social, millares de centros privados se llenan las arcas remediando dolores de muelas o recetando aspirinas, y la mayoría de sus propietarios comparten carnet de socio en los clubes de golf donde acuden los congresistas republicanos que defienden la invasión de Irak mientras se fuman un puro, eso sí, nunca habano.
Pero lo más divertido aparece en la página web de Mónica Crowley, habitual en las tertulias políticas de cadenas conservadoras, como la FOX, donde lo califica de hipnotizador y vampiro. En un artículo publicado en su página web (www.monicamemo.com) se puede leer la alerta que lanza a todos sus lectores de apropiarse de un collar de ajos antes de ver el documental donde Obama se vende durante 30 minutos. Sí es cierto que en ningún momento se encuentra la palabra VAMPIRO, pero ¿quién no conoce la leyenda urbana de los ajos como remedio para alejar a los chupasangres?
Crowley no es la única que lanza dardos envenenados. En la Liberty University, en el estado de Virginia, los estudiantes son educados en el sino del cristianismo más ultraconservador. La basta mayoría de sus estudiantes se postulan en contra del aborto, la eutanasia, el divorcio y el ateísmo. Según publicaba La Vanguardia el pasado sábado 1 de noviembre, Erica Nelson (estudiante de dicha universidad) concibe a Obama como el jinete del apocalipsis que desencadenará el fin del mundo. Cabe destacar, pero, que esta chica creía que en Israel hay tropas americanas, cuando no las hay. Para muchos estudiantes y trabajadores de este centro educativo de más de 2.000 hectáreas repiten sin que les tiemble la voz que Obama juró el cargo sobre el Corán.
Gracias a la existencia de estos indivíduos, los medios de comunicación se han convertido en meros divulgadores de mentiras y rumores para conseguir que su favorito ponga la foto de familia en el despacho Oval.
Los americanos, a tan solo dos días de las votaciones, desconocen a sus candidatos, lo único que saben son las manipulaciones de comentaristas demasiado documentados y capaces de tergiversar la información con tal de conseguir sus propios propósitos. Sí es cierto que la política es algo malévola, incluso maquiavélica, pero ¿desde cuándo lo es el derecho a informar de forma, no objetiva, pero como mínimo fidedigna?
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