viernes, 31 de octubre de 2008

El jinete del apocalipsis

Los mítines fueron creados para convencer, para hacer creer a los espectadores que el que se encuentra subido al pedestal es el adecuado para la contienda a la que se enfrenta. En temporada electoral, los podios son construidos y destruidos a velocidad de la luz para que ese individuo se convierta en el guía del país.
Desde hace unos cuantos meses, hemos podido ver en cualquier punto de internet, en cada uno de los canales televisivos u oir en cada emisora de radio a Barack Obama o John McCain venderse, como si de pescado fuera en día de mercado, como la solución a todos los problemas del mundo. Pero las promesas, los gritos, las banderas americanas ondeando cerca del cogote del candidato, los besos y arrumacos con la mujer e hijos de los mismos no son suficientes para convencer a los más de 300 millones de habitantes para que coloquen el busto de su candidato en el jardín y griten por derredor a quien invitarían a su casa a cenar.
Lo que una buena campaña política necesita es tener unos medios de comunicación potentes, y sobretodo un elenco de comentaristas que están dispuestos a todo para chafar, como si simples cucarachas fueran, al candidato que detestan.
Barack Obama, el primer candidato a la presidencia negro, se ha convertido en el punto de mira de numerosos ultraconservadores y fanáticos de las "libertades" (y permítanme que lo entrecomille) que siempre han caracterizado América. Desde que las primarias empezaron en las radios y televisiones americanas, a Obama no le caben más post-its en la espalda. En ellos se pueden leer desde socialista, musulmán, marxista, radical, mentiroso e hipnotizador. Pero vayamos por partes.
El adjetivo musulmán se le corresponde a su segundo nombre, Hussein, que casualmente es el mismo que el dictador iraquí que "obligó" a los EEUU a entrar en ese territorio e iniciar la campaña Libertad Duradera, que todavía dura sin haber conseguido mucha paz. Lo que la población americana desconoce es que el apelativo Hussein es para los árabes (y no digo musulmanes) el John de los ingleses, el José español o el Philippe francés. Y no se debe olvidar que las raíces del candidato demócrata se encuentran en Kenia, a miles de kilómetros de Bagdad.
Se le ha calificado de socialista por querer subir los impuestos. Lo que significaría conseguir mejores ayudas a los millones de familias que no pueden tener acceso a la sanidad o a la educación de calidad. Pero no olvidemos que gracias a la no exitencia de una seguridad social, millares de centros privados se llenan las arcas remediando dolores de muelas o recetando aspirinas, y la mayoría de sus propietarios comparten carnet de socio en los clubes de golf donde acuden los congresistas republicanos que defienden la invasión de Irak mientras se fuman un puro, eso sí, nunca habano.
Pero lo más divertido aparece en la página web de Mónica Crowley, habitual en las tertulias políticas de cadenas conservadoras, como la FOX, donde lo califica de hipnotizador y vampiro. En un artículo publicado en su página web (www.monicamemo.com) se puede leer la alerta que lanza a todos sus lectores de apropiarse de un collar de ajos antes de ver el documental donde Obama se vende durante 30 minutos. Sí es cierto que en ningún momento se encuentra la palabra VAMPIRO, pero ¿quién no conoce la leyenda urbana de los ajos como remedio para alejar a los chupasangres?
Crowley no es la única que lanza dardos envenenados. En la Liberty University, en el estado de Virginia, los estudiantes son educados en el sino del cristianismo más ultraconservador. La basta mayoría de sus estudiantes se postulan en contra del aborto, la eutanasia, el divorcio y el ateísmo. Según publicaba La Vanguardia el pasado sábado 1 de noviembre, Erica Nelson (estudiante de dicha universidad) concibe a Obama como el jinete del apocalipsis que desencadenará el fin del mundo. Cabe destacar, pero, que esta chica creía que en Israel hay tropas americanas, cuando no las hay. Para muchos estudiantes y trabajadores de este centro educativo de más de 2.000 hectáreas repiten sin que les tiemble la voz que Obama juró el cargo sobre el Corán.
Gracias a la existencia de estos indivíduos, los medios de comunicación se han convertido en meros divulgadores de mentiras y rumores para conseguir que su favorito ponga la foto de familia en el despacho Oval.
Los americanos, a tan solo dos días de las votaciones, desconocen a sus candidatos, lo único que saben son las manipulaciones de comentaristas demasiado documentados y capaces de tergiversar la información con tal de conseguir sus propios propósitos. Sí es cierto que la política es algo malévola, incluso maquiavélica, pero ¿desde cuándo lo es el derecho a informar de forma, no objetiva, pero como mínimo fidedigna?

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